La Habana Vieja es la zona más antigua de la capital cubana. Posee una distribución urbanística parecida a una enorme lente biconvexa de unos 5 km² de superficie, donde todavía se encuentran restos de las murallas que a lo largo de dos siglos la protegieron con un cerco de piedras y la configuraron como un recinto militar defensivo. El derribo de la muralla se produjo en el año 1863.
A consecuencia de las distintas invasiones que se produjeron en la ciudad de La Habana, la Habana Vieja posee una mezcla de arquitecturas y la presencia de diferentes épocas: corona española, británicos, franceses y norteamericanos.
Cuando estuvo dominada por el gobierno interceptor de Estados Unidos, las viejas construcciones coloniales fueron derruidas para levantar en su lugar otras más imponentes con fachadas puramente neoclásicas. Durante la década de los sesenta del siglo XX, comienza a rescatarse el ambiente histórico de la Habana Vieja, impulsado por el Gobierno Revolucionario, que había dejado en el olvido los edificios y monumentos sin mantenimiento por más de cuarenta años. A partir de entonces, se lleva a cabo un gran trabajo de investigación y restauración por los mismos habitantes de la Habana Vieja. En esta obra ha tenido un peso considerable la participación de la dirección y planificación de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
En 1982, la Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Actualmente, la Habana Vieja es una de las zonas turísticas más frecuentadas de la Habana debido a la restauración y conservación de sus iglesias, fortalezas y otros edificios históricos. Dispone de restaurantes de todo tipo: desde los paladares (lugares familiares de comida criolla) hasta restaurantes gourmet e internacionales. También se pueden encontrar muchas librerías, museos y tiendas (ropa, artesanías, souvenirs). Debido al gran número de turistas, la vida en la Habana Vieja es muy activa y en consecuencia se llevan a cabo varias ferias de artesanías, libros, presentaciones artísticas, etc.

